lunes, 21 de julio de 2008

De caballos

Sale el sol y el caballo a buscar pasto. El rocío, con sus finas gotas, le moja el hocico: ahora la comida también es agua. El día emerge radiante por detrás de las montañas, se insinúa el calor venidero. La mañana pasa volando entre juegos y trotes. Al medio día un sol escarlata fuerza a que todos busquen sombra. Atardece, el aire que resbala de los canales huele a heno tallado que, otra vez, despierta la gana.
Cuando los días se acortan y baja la temperatura, viene un hombre a recoger la manada para ponerla a cubierto. Al caballo le agrada el calor de sus compañeros pero encuentra a faltar la luz de las estrellas, la luna.
El tiempo del frio pasa rápido, pronto llegan las noches templadas. El caballo duerme bajo una balma mirando las estrellas fugaces. Cuando los días se alargan otra vez, la hierba fresquita es el mejor lecho y también el mejor desayuno.

2 comentarios:

cuchhhi dijo...

pintas las palabras en esos pastos...
y los caballos galopan como las mariposas de tu imaginación
quizás por que el mejor de los desayunos sería tu cuello, cuando se cierra el comercio nocturno.

maravilloso lo que usted escribe.

Antón Abad dijo...

¿balma?